OBRA TEATRAL
ARGENTINA
Título: Los mirasoles
Autor: Julio Sánchez
Gardel, Argentina, 1879-1937
Año de
publicación:
1911
Representación: Estrenada el
1º de agosto de 1911, en el teatro Moderno de esta Capital por la Compañía
Pablo Podestá.
Enredo: “Los
mirasoles” es una comedia en tres actos, en la cual un alegre patio provinciano
sirve de marco al romance entre el abogado porteño y la joven soñadora de una
típica familia provinciana de principios de siglo. Una ciudad norteña enmarca
los hechos de esta obra de gran colorido, mágica ternura y su picardía
típicamente lugareña, comienza con la presentación de los personajes. Los
criados: Regina y Baldomero con diálogos chispeantes y vulgarismos en su
hablar, al igual que Don Mamerto el pretendiente de Azucena, la niña de la
casa, demuestran imperfecciones propias de su nivel social y cultural. Azucena
es una chica muy vivaz que sueña con un tipo caballeresco y se encanta con el
Doctor Centeno, que viene de Buenos Aires a conocer el pueblo. (Fuente: http://www.alternativateatral.com/obra5605-los-mirasoles)
Contexto
Complementar al enredo: enfrentamiento entre Buenos Aires y el interior,
cultura europea y tradición.
Personajes: AZUCENA, DOÑA
MÓNICA, LUCILA, ELIBERTA, REGINA, DOCTOR CENTENO, EL ABUELO, DON MAMERTO, DON
SOFANOR, DON CÁNDIDO, BALDOMERO, UN MUCHACHO, CARTERO.
Obra completa disponible
en: http://www.inteatro.gov.ar/editorial/HistoriaTeatro.php
Fragmento
para traducción: Acto 2
– página 69-71.
Doña Mónica, don Cándido, Sofanor y el Abuelo.
MÓNICA: Y ¿qué me dicen de la pareja?
¡Ah! yo estoy encantada. Al fin parece que la Azucena saldrá con su gusto.
CÁNDIDO: Es claro; porque el doctor
Centeno no la atendería tanto si no estuviese enamorado de ella.
MÓNICA: Ese ha sido el sueño de toda su
vida: casarse con un hombre así, tan culto, tan distinguido, con semejante posición
que le permitirá hacer todos sus gustos y caprichos.
SOFANOR: Esta tarde durante todo el paseo
no ha hecho más que hablarme de ella.
CÁNDIDO: ¿Qué te ha dicho?
SOFANOR: Que estaba admirado de encontrar
una muchacha como la
Azucena en este pueblo.
MÓNICA: Ayer le regaló un dije precioso
con sus iniciales.
SOFANOR: También me preguntó si no ha
tenido otros novios.
CÁNDIDO: ¿Qué le contestaste vos?
SOFANOR: Que ella nunca ha querido más que
a los pájaros.
MÓNICA: ¿Qué más te ha dicho?
SOFANOR: Que la Azucena haría un gran
papel en Buenos Aires porque es muy linda e inteligente.
MÓNICA: Y a la Azucena ¿no la han visto
cómo ha cambiado? Ahora se arregla y se peina todos los días. Antes parecía
aburrida de todo. De día, hablando con los pájaros, y de noche, contemplando la
luna.
CÁNDIDO: ¿Ella no te ha dicho nada si ya
se le ha declarado el doctor Centeno?
MÓNICA: Todavía no me ha dicho nada.
Pobrecita, tan ilusionada que está. En todas partes no se habla más que de
ella. ¡Dios lo quiera!
CÁNDIDO: Y usted, abuelo, ¿por qué está
tan callado? ¿Qué piensa usted?
ABUELO: Pienso que están ustedes
llenándole la cabeza a la pobrecita niña con ilusiones que no creo se realicen
jamás.
CÁNDIDO: ¿Qué dice, abuelo?
ABUELO: Voy a explicarme. No creo que el
doctor Centeno se case con la Azucena.
CÁNDIDO: ¿Por qué, abuelo?
ABUELO: Porque el doctor Centeno tiene
aspiraciones políticas y sociales muy grandes que la Azucena no puede
realizarlas.
CÁNDIDO: Si él la quiere...
SOFANOR:
¡Claro, el amor!
Usted desconoce la fuerza del amor, abuelo.
ABUELO: No, la vida del doctor Centeno
tiene otras exigencias mucho más fuertes que el amor.
MÓNICA: ¿Y si usted se engañara, abuelo?
CÁNDIDO: ¡Puede engañarse!
SOFANOR: ¡Claro!
ABUELO: ¡Si yo me engañara! Daría todo,
todo, hasta estos pocos días que me restan de vida por verla a la Azucena feliz
y contenta. Pero no, no me engaño. ¡Pobrecita! Él se irá, ella lo esperará
siempre, con la cara vuelta hacia Buenos Aires, viviendo por él y para él,
atormentando el recuerdo y languideciendo de amor. Y cuando poco a poco vaya
comprendiendo la verdad, la mentira de todos sus sueños, cuando comprenda que
ha anulado toda su vida, sus mejores años en la inútil espera del ausente ¿han
pensado ustedes qué será de ella, de la pobrecita niña? ¿Comprenden ustedes ese
dolor mudo, reconcentrado, de los que han pasado toda la vida esperando algo
que no llega, que no llega nunca ni con la muerte misma? ¡Pobrecita niña!
¡Pobrecita niña! (Pequeña pausa).
CÁNDIDO: Abuelo, respeto sus opiniones,
pero debo hacerle constar que no estoy de acuerdo con ellas. (Mutis por
segunda izquierda).
ABUELO: ¡Qué has de estar vos de acuerdo
conmigo si no lo has estado nunca con el sentido común! (Mutis a la quinta.
Pausa).
SOFANOR: ¡Pobre Azucena!
MÓNICA: ¡Dios quiera que se equivoque el
abuelo!
Don Mamerto llama a la puerta.
SOFANOR: Ahí está don Mamerto.
MÓNICA:
Recibilo vos.
SOFANOR:
¿Qué
le contesto?
MÓNICA: Decile cualquier
cosa, dale esperanzas por si acaso tenga razón el abuelo (Mutis rápido por
segunda izquierda).
[…]